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HERRERA DEL DUQUE - www.herreradelduque.com

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sábado, 27 mayo 2017
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CULTURA

DE INTERÉS

HISTORIA

Ver este apartado en lengua de señasINTRODUCCIÓN HISTÓRICA

PPinturas Rupestres de la Pandaozoba, Ferreruela, Gerrera, Ferrera, Herrera -del Duque, de la Serena, del Castillo-, que con todos estos nombres ha recorrido su historia, desde muy lejos en el tiempo, poblada desde el neolítico, como atestiguan las pinturas rupestres de las Cuevas de la Panda.

Sucesivamente, dejan constancia de su devenir histórico el yacimiento orientalizante del Cerro de la Barca, los estratégicos castillones, como el del Azuche, la estela decorada de guerrero de Quinterías, la necrópolis del Jardal, la epigrafía del asentamiento romano de las Posadillas.

Tras su reconquista, a principios del siglo XIII, por Alfonso Téllez de Meneses, el noble castellano al servicio de Alfonso IX de León, Herrera va creciendo en la Baja Edad Media bajo la tutela y vasallaje del condado de Belalcázar y vinculada a Puebla de Alcocer, con los señoríos de García de Toledo, Bernat de Cabrera y Sotomayor, el maestre de Alcántara. Del catalán recibe su ”Carta puebla”, claro esquema del régimen señorial del siglo XIV, que le abre a los derechos de villa.

En continua mudanza de amos, crece Herrera dentro del marco de este rincón de los Montes, dependiendo unas veces de Córdoba, otras de Béjar y Osuna, y, por fin, extremeña, de Badajoz. Súbditos de Castilla, o de Toledo, o del vizcondado de Puebla, en alternancia continua. Obligados a resolver pleitos en las Chancillerías de Granada o Valladolid, o en Cáceres. Aún hoy vinculados a la sede Primada de Toledo por lo eclesial y ciudadanos de Extremadura en lo demás. Lejos de todo centro y meollo sólo de sí misma.

Herrera es cabecera y núcleo administrativo de la Siberia, comarca que ocupa el costado NE de la provincia de Badajoz, en el quicio donde se da la mano con las de Cáceres, Toledo y Ciudad Real, junto al portillo de Cijara, colindante con la Serena, Las Villuercas, La Jara, el Valle de Alcudia y los Pedroches. Tierra de frontera, tierra de nadie y de muchos, tierra de límites, que el Guadiana y su codo señalaron con frecuencia. Islote entre los montes de Toledo, la llanura manchega, Sierra Morena y Extremadura. Esto, unido a la escasez de comunicaciones, a su alejamiento de centros comerciales o administrativos importantes, a su carácter feraz y montuoso, ha hecho de estas tierras una zona marginal que se ha dado en llamar “Siberia Extremeña” (DESIDERIO VAQUERIZO).

De la Prehistoria a la época prerromana

Ver este apartado en lengua de señasEsta zona, como el resto de Extremadura, recibió influjos atlánticos desde comienzos del primer milenio a.C., que impusieron su sello sobre laLa Panda cultura autóctona con raíces al menos desde el Bronce Medio (VAQUERIZO). Después llegaron corrientes del centro de Europa y más tarde de fenicios, griegos y tartesos.

Vestigios de todo este movimiento cultural quedan plasmados en las pinturas rupestres de las Cuevas de La Panda, el importante yacimiento de “La Barca”, los dólmenes, castillones (Pretura, Azuche,…), estela decorada de Quinterías y necrópolis del Jardal.

Esta zona fue punto de contacto entre los principales focos culturales de un momento de nuestra historia aún por clarificar en su mayor parte y de aquí también la necesidad perentoria de acometer el estudio sistemático de alguno de sus yacimientos, ya que sólo así podrán empezar a resolverse parte de los muchos problemas que afectan a la Arqueología de esta zona (VAQUERIZO).

La dominación romana

Ver este apartado en lengua de señasLos principales restos romanos de nuestro término se han localizado en el asentamiento de “Las Posadillas”, en el extremo oeste de la dehesa boyal, cercano al Guadiana y no lejos de la entrada en el mismo del arroyo Pelochejo, lugares propicios para ubicar pobladores. Son, básicamente, muestras de epigrafía. Podemos, por ello, aventurar con cierto rigor la existencia de algún tipo de necrópolis y deducir, en consecuencia, la romanización de Herrera y Peloche.

Desiderio Vaquerizo (1987) ha documentado hasta siete epígrafes romanos, en Herrera (tres de ellos), Peloche, Castilblanco y Valdecaballeros (dos), exponentes estos últimos de gran importancia al confirmar la existencia de un enclave territorial de Ucubi (ciudad ibero-romana de Espejo, Córdoba) al norte del Guadiana, en plena Siberia Extremeña, y proporcionar datos de primer orden sobre la grafía auténtica de Lacinimurga. Los restos mencionados lo integran losas y estelas funerarias, aras votivas y cipos.

Época visigoda
Ver este apartado en lengua de señasSe conservan restos de un ajuar femenino –vasija y pendiente, con remate de cabujones rellenos de pasta vítrea- procedentes de una tumba localizada en la zona de las Posadillas, datos escasos para deducir permanencia visigoda en la zona. En palabras de D. Vaquerizo, se trata de un enterramiento de inhumación en fosa revestida de lajas de piedra, de una mujer amortajada en decúbito supino con su ajuar personal.
De la conquista musulmana al condado de los Sotomayor

Ver este apartado en lengua de señasHerrera estuvo bajo dominación musulmana desde el 711 hasta poco después de la batalla de Las Navas (1212). Cinco siglos, que dejaron aquí barrios, fincas de recreo, obras de conducción y aprovechamiento de aguas para molinos y riego de pequeñas huertas y topónimos de origen árabe: Benazaire, Cijara (en cuyo castillo se refugió en el siglo IX el caudillo rebelde Ibn Marwan), Valdemoro (vendido por carta-orden de los Reyes Católicos al judío Francisco de Foronda), Valdigüelo, las Navas (donde cazó osos Alfonso XI, fundador del monasterio de Guadalupe), Guadiana, Guadarranque…

Reconquistada Herrera en 1218 por Alfonso Téllez de Meneses, al servicio de Alfonso IX de León, siguió poblada por mozárabes, mudéjares y judíos.

La comarca llamada de los Montes –con la que tantos lazos de proximidad, orografía, historia y vasallaje tuvo Herrera en esta época- fue vendida en 1246 por el rey Fernando III el Santo al concejo de la ciudad de Toledo por 45.000 maravedíes -cantidad exorbitante entonces- y perteneció a ella durante seis siglos más, hasta la desamortización de Madoz (1855). En esta zona actuaron desde mediados del siglo XII los golfines, partidas de bandoleros armados y con buena organización, que aprovecharon la inseguridad de las tierras fronterizas. Fueron perseguidos por los cuadrilleros de la Hermandad. Al amenazar la comarca norte del señorío de los Sotomayor, el maestre don Gutierre, en 1450, y doña Elvira en 1471 establecieron acuerdos de colaboración con las Hermandades de Toledo, Talavera y Ciudad Real. Más adelante las villas del condado ingresaron en la Santa Hermandad.

Herrera durante muchos años estuvo bajo la dependencia de Puebla de Alcocer, antes incluso de que los Sotomayor se asentaran en el condado de Belalcázar. En esta época tuvieron lugar, desde el último tercio del siglo XIII a mediados del XV, la repoblación de la zona de la actual Siberia a cargo de Toledo, los conflictos de jurisdicción con la orden de Alcántara, y la concesión de las “Cartas puebla”, que regulaban la administración y relaciones con la Ciudad Imperial. La de la villa de Puebla se otorgó en 1288 y la de Herrera, por Bernat de Cabrera, en 1344.

Puebla, y por tanto Herrera, estuvieron bajo el señorío de los García de Toledo hasta 1344 y a partir de esa fecha se instauró el vizcondado de Cabrera. Fue una época conflictiva para la comarca por los cambios sucesivos de gobierno y deslinde de términos. La villa de Alcocer fue durante la Edad Media el núcleo más antiguo e importante de la comarca, hasta que con el paso del tiempo la balanza se inclinó a favor de Herrera.

Los Sotomayor

Ver este apartado en lengua de señasLa historia del Condado de Bel alcázar, señorío de los Sotomayor (1444-1518), bajo cuya autoridad y gobierno estuvo Herrera, nos va aCasa solariega de los Chacones, edificada hacia el siglo XVIII, con escudos de la orden de Alcántara en sus rejas, lo que ha inducido, erróneamente, a adjudicarla a una supuesta encomienda de esta institución en nuestra villa. dar la clave para entender lo que fuimos en aquel tiempo. De él dependimos y sus normas fueron las nuestras. Desde allí se administró justicia, se fortaleció su defensa, se organizó la economía, se hicieron fundaciones y se estructuró la sociedad.

Al principio de ella, dominan el ambiente las convulsiones internas del reino de Castilla, con la guerra civil entre Juan II y los infantes de Aragón. Don Gutierre de Sotomayor, fundador del Condado y maestre de Alcántara, tomó parte activa al lado del rey, quien premió con largueza su fidelidad y arrojo y le permitió conseguir sus ambiciones señoriales. En torno a 1452 el señorío tuvo su momento de máxima expansión, con dos sectores: el norte, con centro en Puebla de Alcocer, y el sur en Gahete (Belalcázar). Herrera avanzó hastaconsolidarse como el mayor enclave humano del norte del condado, situación que se ha prolongado hasta los tiempos actuales.

Cerraron los Sotomayor su ciclo en el Condado con el inicio del reinado de Carlos I. A partir de entonces, en 1518, todas estas tierras pasaron a los duques de Béjar por el matrimonio de don Francisco con Teresa de Stúñiga, heredera de la casa ducal.

Herrera y sus aldeas de los siglos XVII al XIX

PelocheVer este apartado en lengua de señasHerrera ha tenido diversos nombres a lo largo de su historia, algunos de ellos poco documentados (Avencia, Pozoba, Leuciana, Oppido Hera), y otros acreditados: Ferreruela (1200), Gerrera (principios del siglo XIV), Ferrera (1500-1600), Herrera (1600-1760), Herrera del Duque (durante el reinado de Carlos III), Herrera de la Serena (1822-28 y 1836), otra vez del Duque (1836-1936), Herrera del Castillo (1936-39) y del Duque desde el final de la guerra civil hasta hoy.

Fue primero “aldea”, “lugar” y “concejo” (en 1344), y villa sobre 1441-45, en proceso de claro crecimiento. En su época de mayor influencia, tuvo adscritos los lugares de Peloche, Las Navas, Quinterías, El Retortillo, Retamoso y Cijara, todos –excepto el primero- desaparecidos.

Nota.- Detalle completo, riguroso y exhaustivo de toda esta época se puede encontrar en “No hay cementerio en esta villa “. Historia de Herrera. De la Prehistoria al siglo XIX. Saturnino Romero Chacón (2006).

A fines del siglo XVIII aún pertenecía Herrera al Vizcondado de Puebla de Alcocer, bajo el señorío de la casa de Benavente, Béjar, Osuna y Gandía, dueña de la jurisdicción. En los asuntos de la Justicia, se desligó de la Chancillería de Granada y pasó a depender de la nueva Real Audiencia de Extremadura –con sede en Cáceres- desde su fundación, en 1790.

Herrera estuvo durante algunas décadas sometida a los cambios de la división territorial de Floridablanca (1785), la posterior provincial de 1833, que nos desligó de Trujillo y estableció en la provincia de Badajoz, de la que fue desde entonces partido judicial.

Eclesiásticamente, Herrera pertenece a Toledo desde su reconquista, en el primer tercio del siglo XIII. Actualmente es uno de los tres arciprestazgos de la diócesis primada en Badajoz.

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